“Los árboles abuelos también están muriendo acá”: denuncian abandono del arbolado nativo en Villa Carlos Paz

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Tras la intensa resistencia comunitaria que buscó salvar el “quebracho abuelo” de Villa Allende, en Villa Carlos Paz crecen las preocupaciones por el estado de conservación de los árboles nativos más antiguos, muchos de los cuales se encuentran en serio deterioro.

En una recorrida por el Parque Recreativo Educativo Natural y Protegido de Sol y Río, el ingeniero Juan Carlos Paesani, referente de la ONG Educación, Ambiente y Trabajo (EAT), denunció el abandono por parte del municipio y advirtió sobre el impacto de las obras de infraestructura urbana en los ejemplares más añosos de la ciudad.

“Este algarrobo se está secando”, alertó Paesani mientras señalaba uno de los árboles del parque. “Están todas las raíces deterioradas, porque cuando se construyó el adoquinado de la calle Quinquela Martín, poco importó este algarrobo, y tampoco el quebracho blanco que está allá en la esquina, que yo calculo debe tener más o menos la misma edad que el de Villa Allende”.

El Parque de Sol y Río, creado por la ordenanza 4871 en 2007 -y parte del área protegida Camiare  tras la sanción de la ordenanza 6522-, debería estar protegido. Sin embargo, según Paesani, “las ordenanzas en Villa Carlos Paz no se cumplen jamás”. 

En ese sentido, recordó que existe normativa que exige censar los árboles de la ciudad, especialmente los autóctonos, pero nunca se ha implementado de forma efectiva: “No se hacen censos, no se verifica el estado sanitario, si se están por caer o no. Ya se ha caído un algarrobo y otros están muy deteriorados”.

Desde la ONG también presentaron proyectos de ordenanza para preservar ejemplares de alto valor ambiental y cultural, como el enorme algarrobo ubicado en el ingreso al balneario Playas de Oro (en calle Madrid y puente Eduardo Terzi). “Pedimos que se expropiaran 15 metros cuadrados para proteger ese algarrobo, pero pasó sin pena ni gloria por el Concejo. No hubo ninguna respuesta. Hoy o mañana lo pueden cortar”, lamentó.

Paesani subrayó la importancia de estos árboles no solo desde el punto de vista ecológico, sino también como parte del patrimonio cultural: “Estos árboles ya existían cuando estaban los pueblos originarios. Son resabios de los bosques autóctonos que había hace muchísimos años y fueron aniquilados”.

Consultado sobre qué pueden hacer las y los ciudadanos, fue claro: “Involucrarse, porque esto hace al patrimonio cultural de la ciudad, no solamente al ambiental. Se trata de proteger lo poco que nos queda de los bosques antiguos”.

También propuso medidas concretas, como cartelería informativa en cada ejemplar de valor patrimonial, exenciones impositivas para quienes conserven árboles nativos en terrenos privados, y la implementación efectiva de censos y registros públicos: “En La Plata, cada árbol tiene una ficha metálica con un código. Se monitorean constantemente. Acá debería ser igual”.

En la misma línea, apuntó que los árboles que aún sobreviven en terrenos públicos tampoco son cuidados. “Fijate en la plaza de Solares de las Ensenadas: el desastre que hicieron con unos algarrobos ahí, las mutilaciones que sufrieron las raíces y los troncos. Lo mismo pasó con otro algarrobo muy añoso en la costanera, cerca del puente Juncal”.

Según la ordenanza 4966, vigente desde el año 2008, cada cinco años deberían realizarse censos de árboles. “Ya deberíamos tener al menos tres censos completos, lo que permitiría ver el nivel de deforestación de Villa Carlos Paz. La ciudad creció mucho en poco tiempo, y si se hubieran desarrollado los censos, podríamos saber cuántos ejemplares se han perdido”, explicó Paesani.

El referente de EAT también criticó las acciones de “marketing ambiental” del municipio: “Plantar unos arbolitos en la calle Estrada y sacarse una foto no soluciona nada. Acá estamos viendo cómo un algarrobo de más de cien años se está muriendo porque no le pusieron una cuna de protección, como marca la ordenanza 4966. Les avisamos. No hicieron caso. El árbol se cayó a los diez días”.

La entrevista concluyó con una reflexión clara: el abandono del arbolado nativo no solo pone en riesgo el ecosistema local, sino que borra huellas vivas de la historia y la identidad de la ciudad.