No fue una marcha más. Fue memorable, mágica, movilizante.
Desde la Casa para la Memoria de la COOPI ya veníamos con el corazón emocionado tras haber vivido la hermosa inauguración del ciclo Teatro por la Identidad Punilla.
La jornada se extendió con música y comidita, celebrando la belleza del encuentro. Aplauso especial para Sol Rueda que bordó de principio a fin el nombre de Silvia Graciela Suárez. Con ese pañuelo y los nombres de las personas desaparecidas de Villa Carlos Paz, marchamos.
Minutos antes de salir para Córdoba, llega al Instagram de VillaNos un mensaje del otro lado del océano. Carolina Martínez, la hija menor de Silvia Graciela Suárez. Poco después, otro mensaje. María Soledad Martínez, la hija mayor. Y la emoción fue total.
Les dijimos que marcharíamos en nombre de su madre y de todxs lxs desaparecidxs por la dictadura genocida. Y así lo hicimos, con el corazón conmovido. Diciendo PRESENTE.
La emoción fue mayor cuando, casi finalizando la movilización se acerca una joven. Mira en detalle el pañuelo bordado. Se emociona y nos cuenta que se llama Sofía Martínez y que es sobrina de Silvia Graciela Suárez. Y el abrazo fue comunitario, colectivo, compartido.
Por eso decimos: no fue una marcha más. Fue una marcha de encuentros. Fue una marcha donde dijimos con firmeza queremos Memoria, Verdad y Justicia ayer, hoy y SIEMPRE.
200 mil corazones unidos por Memoria, Verdad y Justicia
Alrededor de 200 mil personas participaron de un acto convocado por la Mesa de Trabajo por los Derechos Humanos, en el marco de las acciones realizadas en todo el país a 50 años del último golpe cívico-militar.
La concentración comenzó en la intersección de avenida Colón y Cañada y culminó frente a los Tribunales, donde se realizó el acto central. Allí se leyó un documento consensuado y tomaron la palabra referentes y familiares de víctimas del terrorismo de Estado, entre ellxs querellantes en la causa de enterramientos clandestinos.
Uno de los testimonios más conmovedores fue el de Graciela Geuna, quien se presentó como “la de la medalla”, en referencia a un objeto perteneciente a su compañero desaparecido, Jorge Omar Cazorla, secuestrado y asesinado en 1976. La medalla fue hallada recientemente en un sitio de enterramiento clandestino, lo que permitió confirmar su paso por ese lugar.







Geuna destacó la importancia de constituirse como querellante en la causa judicial, ya que eso le permitió acceder a información clave del expediente. Sin embargo, cuestionó las limitaciones del sistema penal y planteó la necesidad de implementar mecanismos de búsqueda más amplios, como los existentes en otros países, donde la información es más accesible para los familiares.
Durante su intervención, remarcó que la desaparición forzada “no es un hecho del pasado”, sino una problemática vigente mientras no se conozca el destino de las víctimas. En ese sentido, sostuvo que el ocultamiento de información por parte de los responsables constituye una forma de “tortura” hacia los familiares, en línea con lo señalado por organismos internacionales.
También reclamó mayores recursos para profundizar las tareas de búsqueda, especialmente en sitios como La Perla, donde se estima que pasaron entre 2.500 y 3.000 personas. Según detalló, los avances en identificaciones aún son escasos frente a la magnitud de los crímenes, lo que evidencia la necesidad de ampliar los equipos de trabajo y el presupuesto destinado a estas tareas.
El documento final leído en el acto reforzó la consigna “¿Dónde están?”, subrayando que la democracia argentina se construyó sobre la lucha del movimiento de derechos humanos. En el texto se reivindicó el rol de Madres y Abuelas, así como el de familiares, sobrevivientes y organizaciones que sostuvieron la memoria, la verdad y la justicia a lo largo de décadas.
Asimismo, se recordó que el golpe de 1976 implicó un plan sistemático de desaparición de personas, constituyendo asó un genocidio. El documento también destacó los avances logrados, como los juicios a los responsables y la recuperación de identidades, aunque advirtió que aún quedan más de 300 nietos y nietas por encontrar.
La jornada concluyó con un fuerte llamado a profundizar las políticas de memoria y a garantizar los recursos necesarios para continuar con la búsqueda de los desaparecidos, en un contexto donde, según remarcaron los organizadores, “la memoria sigue siendo una herramienta fundamental para sostener la democracia”.
