Yuspe, el cóndor andino nacido en Córdoba que emprende su camino hacia la libertad

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El tercer cóndor andino nacido en cautiverio en Córdoba comenzará un proceso de reintroducción a la naturaleza. Yuspe, nacido el 2 de septiembre de 2025 en la Reserva Tatucarreta, viajará primero a Buenos Aires para integrarse a una bandada de ejemplares juveniles y luego será trasladado a Río Negro, donde será liberado con monitoreo satelital.

Yuspe, un cóndor andino nacido en Córdoba el 2 de septiembre de 2025, comenzó su camino hacia la libertad. El ejemplar fue criado en la Reserva Tatú Carreta y es el tercero de su especie nacido en cautiverio en la provincia. El proceso de reintroducción contempla distintas etapas y busca que el animal pueda desarrollar su vida en libertad junto a otros ejemplares juveniles.

“Yuspe es un cóndor que nació en septiembre del año pasado, es decir, que está próximo a cumplir un año. Para esta especie, que es una especie longeva, es todavía un pichón, es un animal pequeño de edad”, explicó María del Rosario Ahumada, veterinaria de la Reserva Tatú Carreta.

Los padres de Yuspe forman parte del plantel reproductivo de la reserva, pero no pueden ser liberados debido a las lesiones que sufrieron. El padre perdió prácticamente un ala completa como consecuencia de heridas provocadas por disparos, mientras que la madre fue rescatada en Río Negro.

“Si bien los padres no pueden retornar a la naturaleza, sus hijos sí”, destacó Ahumada.

Un proceso de reintroducción por etapas

El traslado de Yuspe forma parte del Programa de Conservación del Cóndor Andino, una iniciativa que articula el trabajo de distintas instituciones y organizaciones. El primer destino fue Buenos Aires, donde fue trasladado en avión el pasado 6 de agosto. Desde allí se integrará a una bandada de ejemplares juveniles. Actualmente son cinco los cóndores que forman parte del grupo.

La decisión de trabajar con una bandada responde a las características sociales de la especie. “Ellos tienen unas estructuras sociales importantes, entonces no se los libera solo, sino con otros juveniles”, explicó la veterinaria.

Luego, los animales serán trasladados a Río Negro, donde permanecerán durante un período en un espacio denominado “corral de presuelta”, una estructura de grandes dimensiones que permite preparar a los ejemplares para su vida en libertad. Finalmente, serán liberados y monitoreados.

El objetivo es contribuir a la recuperación de la especie en una zona donde históricamente hubo presencia de cóndores, pero que posteriormente perdió esas poblaciones. “Es un lugar de recuperación para la especie, porque siempre hubo cóndores, luego desaparecieron de esa zona, y ahora se los está repoblando de nuevo”, señaló Ahumada.

Una crianza lo más natural posible

Desde Tatú Carreta explicaron que uno de los principales objetivos durante la crianza es evitar la intervención humana y permitir que los padres desarrollen naturalmente el proceso de incubación y alimentación.

“Nosotros trabajamos siempre en base a que sean los padres los que crían, hacer una crianza natural”, explicó Ahumada. A diferencia de otras estrategias, en las que los ejemplares pueden ser criados mediante incubadoras y con títeres o maniquíes, en este caso ambos padres participan del proceso.
La intervención de los especialistas se limita a garantizar el alimento y brindar atención veterinaria cuando resulta necesario.

Cuando los cóndores alcanzan aproximadamente los ocho o nueve meses, son trasladados a un jaulón de presuelta, donde permanecen aislados de los visitantes y en condiciones que permiten reducir al mínimo el contacto humano.

“Siempre tratamos de nosotros no intervenir, a no ser que sea necesario, pero alguna situación de atención veterinaria, o de alguna situación en particular”, sostuvo la veterinaria.

Los antecedentes de Yuspe

Yuspe es el tercer cóndor nacido en el Centro de Rescate Tatu Carreta. El primero fue Zastai, que llegó a ser liberado, aunque posteriormente murió luego de intoxicarse con cebos tóxicos.

El segundo fue Camín, hermano de Yuspe, que continúa en libertad y es monitoreado desde hace más de dos años. “Camín, que es su hermano, está volando y tenemos registro de él. Está volando ya hace más de dos años, y él es Yuspe, es el tercero”, relató Ahumada.

El seguimiento de los ejemplares liberados se realiza mediante rastreadores satelitales y bandas alares, que permiten identificar y registrar sus movimientos.

Un trabajo sostenido con recursos y solidaridad

La Reserva Tatú Carreta es de gestión privada y sostiene su actividad principalmente a través del ingreso de visitantes y de las visitas educativas de escuelas. A esto se suma una amplia red de profesionales y organizaciones que colaboran de manera solidaria.

“Con poco, con mucho, con los recursos que tenemos, tratamos de hacer el mejor trabajo que podemos hacer”, afirmó Ahumada.

La veterinaria explicó que muchas veces los animales requieren intervenciones altamente especializadas y que, en esos casos, cuentan con colegas que aportan sus conocimientos y trabajo.

“Tenemos la suerte, digamos, de tener una red de voluntades”, señaló. Como ejemplo, mencionó el caso del traumatólogo Roberto Mulatero, quien colabora con la reserva y en determinadas intervenciones no cobra sus honorarios.

Ese entramado también incluye a organizaciones vinculadas a la conservación y la investigación. “Siempre los esfuerzos tienen que ser colectivos, y es la única forma que es exitoso”, sostuvo Ahumada.

“Esas alas merecen un cielo y no un recinto”

La llegada del momento de la liberación genera una mezcla de emociones entre quienes acompañaron el crecimiento de Yuspe. Por un lado, existe la tristeza por dejar atrás a un animal con el que convivieron durante meses; por otro, la satisfacción de cumplir con el objetivo para el cual fue criado.

“Todos estamos recontentos, porque por un lado nos da como una cosita, porque lo vamos a extrañar. Yuspe es precioso”, contó Ahumada.

El ejemplar pesa alrededor de 11 kilos y, según describió la veterinaria, tiene enormes alas. “Estamos felices, porque es para eso. Ese es el sentido que tiene que tengas cóndores en este momento en un recinto: es para que sus hijos no tengan que vivir en un recinto ni en cautiverio, sino que se puedan liberar”, expresó.

Yuspe ya comenzó a prepararse para esa nueva etapa. En el espacio de presuelta realiza ejercicios de vuelo que le permiten fortalecer sus alas y adquirir las habilidades necesarias para su futura vida en libertad.

“Realmente esas alas merecen un cielo, y no un recinto”, resumió Ahumada.

El viaje de Yuspe representa así un nuevo paso en el trabajo de conservación del cóndor andino y en la recuperación de poblaciones de esta especie emblemática. Para el equipo de Tatú Carreta, el objetivo final es claro: que aquellos ejemplares que nacen bajo cuidado humano puedan, algún día, regresar a la naturaleza.