Con nueve años de trayectoria, la escuela autogestiva La Rueda Rueda sostiene una propuesta educativa basada en la participación colectiva, el vínculo con la naturaleza y el aprendizaje desde la experiencia. Docentes, familias y estudiantes son protagonistas de un proyecto que busca formar desde lo pedagógico, pero también desde lo humano.
A pocos años de cumplir su primera década de vida, la escuela autogestiva La Rueda Rueda continúa consolidando una propuesta educativa alternativa en la que el aprendizaje se construye de manera colectiva. Con estudiantes de entre 2 y 11 años, la institución apuesta a una pedagogía en la que las distintas edades conviven, se acompañan y aprenden unas de otras.
“La propuesta en general de La Rueda Rueda es la escuela autogestiva. Eso tiene un corazón bastante importante para destacar. Es no solo lo colaborativo, sino lo colectivo en sostener el proyecto desde todos los ámbitos: desde lo educativo, lo pedagógico, lo social, lo cultural y, básicamente, desde lo humano”, explicó la docente Miriam Bellatti.
La escuela nació hace nueve años como una pequeña experiencia con los primeros años de infancia y fue creciendo hasta conformar hoy un espacio que acompaña a niños y niñas desde la primera infancia hasta el segundo ciclo.
Para lxs docentes, uno de los principales desafíos es justamente la convivencia entre distintas edades. “Creemos mucho en que entre ellos mismos también se enseñan, aprenden, se educan y se acompañan. Es un desafío para nosotros como educadores, pero también para ellos mismos, que aprenden a compartir sus intereses y sus pasiones con sus compañeros”, señaló el docente Matías Zurbrigen.
Familias que sostienen el proyecto
El rol de las familias es una pieza central de la experiencia educativa. No solo participan de asambleas y decisiones vinculadas al funcionamiento cotidiano, sino que también colaboran en la sostenibilidad económica y comunitaria de la escuela.
“Siempre el grupo de familias está presente y atento a todas las necesidades que puedan emerger en la escuela. A apoyar, acompañar y brindar la palabra”, destacó Miriam.
Matías agregó que el contexto actual representa un desafío para las experiencias colectivas y autogestivas. “No somos ingenuos. Hoy está siendo puesto en jaque todo lo colectivo y lo comunitario. No vamos a romantizarlo, muchas veces es difícil, pero el desafío es tener creatividad para sostener formas de acompañar a las infancias y generar una economía que pueda sostener el espacio”, reflexionó.
Para la comunidad educativa, lo autogestivo no es solamente una forma de organización, sino una mirada pedagógica. “Lo pedagógico no pasa solamente por hacer escuela desde el contenido. Lo autogestivo es lo pedagógico y está muy vivo en la escuela”, remarcó Miriam.
El juego como una herramienta de aprendizaje
Cuando los propios estudiantes describen cómo es un día en La Rueda Rueda, aparece una dinámica diferente a la de una escuela tradicional: rondas de conversación, lectura de cuentos, desayunos compartidos, tareas comunitarias y espacios de juego libre.
Lxs estudiantes Alma, Liber, Aylin y Tuki pasaron contaron cómo es cursar en esta querida escuela del sur de Punilla. “Cuando llegamos primero jugamos un ratito, después hacemos una ronda, charlamos sobre lo que hicimos el día anterior o cómo nos sentimos, leemos un cuento y prendemos una vela”, contó Liber.
El desayuno también refleja la lógica comunitaria del espacio. “No es que cada uno trae su desayuno. Todos traen algo y lo compartimos”, explicaron.
Consultados sobre su momento favorito de la jornada, la respuesta fue casi unánime: el juego libre. “Es como el recreo, pero le decimos juego libre porque podés jugar a lo que vos quieras”, relató Tuki.
Para el equipo docente, ese momento también tiene un profundo valor educativo. “Nosotros creemos que la parte lúdica es una parte pedagógica. Le damos total existencia y relevancia a eso, porque desde el juego también uno aprende”, afirmó Matías.
Aprender de la tierra: la granja como aula abierta
Uno de los proyectos más significativos de los últimos años es el trabajo sostenido con la Granja Agroecológica del Buen Vivir, ubicada en San Antonio, donde cada semana los estudiantes participan de actividades vinculadas al cuidado de animales, la producción de alimentos y la observación de los ciclos naturales.
Allí alimentan gallinas, cabras y llamas, recolectan huevos y conocen de manera directa los procesos de producción.
“Si la naturaleza nos puede enseñar algo, no es algo que solamente vamos a leer en un libro. Tenemos que observar. Si nos detenemos un tiempo a observar, vamos a aprender un montón porque la naturaleza nos habla desde muchos lugares”, expresó Matías.
El proyecto también permitió avanzar en una experiencia de producción de fideos agroecológicos elaborados con huevos recolectados por los propios estudiantes y harina de producción responsable.
“Empezamos a preguntarnos no solamente qué producimos, sino cómo producimos y para qué. Los chicos participan amasando, aprendiendo y recuperando también saberes culturales que vienen de nuestras familias”, explicó el docente.
La elaboración de los fideos no solamente se convirtió en una actividad productiva, sino también en una herramienta de aprendizaje que atraviesa distintas áreas. Matemática para calcular costos y cantidades, literatura para pensar cómo contar la historia del producto y trabajo colectivo para organizar la producción y su venta.
“Cada uno se lleva dos paquetes para vender y después trae la plata a la escuela”, explicaron los estudiantes, que ya proyectan aumentar la producción y alcanzar nuevos objetivos, como financiar futuros viajes educativos.
Con nueve años de historia, La Rueda Rueda demuestra que otra forma de hacer escuela es posible: una escuela donde aprender también significa cocinar juntos, cuidar un animal, conversar en ronda, tomar decisiones colectivamente y descubrir el mundo a través de la experiencia.
